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LA ALEGORÍA DEL CIEGO

Updated: Oct 23, 2023





Me encuentro tirado en el suelo mientras un zumbido en el oído provoca dolor en mi cabeza. Siento como si acabara de despertar de un sueño interminable. Me froto la frente, quejándome por el insoportable dolor. Pronto, el zumbido se desvanece junto con el dolor y me pregunto qué está sucediendo. Intento recordar algo anterior, pero mi memoria está en blanco. No puedo recordar nada. Deseo que nadie tenga que experimentar este sufrimiento.

Me levanto y me siento mientras trato de pensar en qué hacer. Después de relajarme, abro los ojos y solo veo la oscuridad. Miro a mi alrededor y sigue siendo la misma oscuridad. ¿Dónde estoy? Me pregunto. Toco mis ojos para asegurarme de que realmente estén abiertos y sí, están bien abiertos, pero no puedo ver nada.


A lo lejos, escucho a dos personas susurrando, y me acerco a ellos con cuidado. Al llegar, les pregunto dónde estamos. Ellos me responden amablemente que estamos en una habitación amplia y que ellos también son ciegos. No tienen idea de lo que hay más allá de la habitación, pero parece que han estado viviendo aquí por un tiempo.


Caminando lentamente, intento salir de este lugar, pero siempre me encuentro con una pared. Así es como viví durante algunos días. Curiosamente, mis dos compañeros ya tenían todo lo necesario para sobrevivir y juegos para entretenernos. Nadie nos estaba torturando o molestando. Simplemente vivíamos los tres en la habitación, mientras inventábamos qué hacer.


Después de un día, un estruendo sacudió el lugar con fuerza, y caí al suelo. Me estremecí de miedo. Habían pasado meses desde que había tenido uso de razón, y esta fue la primera vez que tembló el lugar.


Hacia donde se encontraba la pared, escuché cómo los bloques se derrumbaban. Nos acercamos a ella mientras mis manos temblaban. Después de contar los pasos para llegar a la pared, por primera vez, no la sentimos, y mis dos compañeros y yo nos detuvimos, asombrados. Nos preguntamos si debíamos salir. Esperamos un momento y finalmente decidimos aventurarnos. Sin poder ver, escalamos los escombros.


Al salir y tocar el suelo exterior, el viento acaricia mi rostro con un aroma agradable y húmedo. Suspiro y dejo esa brisa fresca entrar en mi nariz. Como somos ciegos, no sabemos dónde hemos entrado o salido.


Mi curiosidad por experimentar este nuevo espacio se intensifica. He estado meses en el mismo lugar, y aunque no me estaba yendo mal, esto es algo nuevo y emocionante.

Pasan unos minutos y, a pesar de no poder ver, siento cómo el párpado de mi ojo se ilumina. Mi cuerpo se estremece, confundido y emocionado al mismo tiempo. Supongo que eso es luz. Es la primera vez que veo un color distinto al negro. Se dibuja una sonrisa en mi rostro mientras presto atención a esa luz que llena mi párpado. Obviamente, no sé qué hay físicamente, pero extiendo mi mano intentando tocar lo que me ilumina. La luz se intensifica y mi cuerpo comienza a calentarse. Arrugo el ceño y me pregunto qué es eso. Segundos después, mi cuerpo se calienta aún más y mi piel se eriza como si una energía estuviera acariciándola. Sonrío de oreja a oreja, apreciando esta nueva y agradable experiencia. Es algo increíble que nunca hubiera imaginado que podía sentir. Estoy muy agradecido de haber decidido salir de la habitación.


Mis ojos se humedecen y una lágrima recorre mi mejilla. Esta sensación de calor y cosquilleo en mi piel es única y especial. Haber vivido en la oscuridad de la habitación me hizo ignorante de que algo tan hermoso existía y que podía sentirlo. A pesar de mis esfuerzos por comprender qué es esa luz, en mi mente no sé qué está sucediendo. Sin embargo, no tengo miedo. Al contrario, me trae paz y felicidad. Ni mis compañeros ni yo podemos explicar qué es.


Después de un rato, la luz desaparece de mi párpado junto con las sensaciones. Asombrados por esta nueva experiencia, regresamos a la habitación, decididos a no aventurarnos más por el miedo de quedarnos fuera sin esa luz cálida.


Ya dentro de la habitación, el silencio reina. Nadie dice una palabra. Todos reflexionamos y pensamos en lo que hemos experimentado.


Después de un tiempo, uno de los ciegos nos pregunta qué creemos que era ese calor y esa energía que sentimos en nuestros cuerpos.


Charlamos y tratamos de imaginar esa luz y por qué nos causó esas sensaciones. Cada uno de nosotros da su descripción: yo digo que era otra persona que nos iluminaba; otro dice que no era una persona, sino un objeto que nos llenaba de luz; y el tercero dice que no era ni un objeto ni una persona, sino simplemente un viento que iluminaba. Ninguno de nosotros llega a un acuerdo, pero todos sentimos lo mismo. Todos experimentamos el cosquilleo en la piel, el calor y la energía que recorría en nuestro ser. Curiosamente, los tres anhelamos volver a tener esa sensación.


Al día siguiente, dentro de la habitación oscura, aparece un grupo de diez ciegos adicionales, al igual que yo. Tres de ellos se unen a mí, mientras los demás se reparten entre mis otros dos compañeros. Aún emocionado por la experiencia del día anterior, les cuento a mis tres nuevos pupilos sobre la luz que he experimentado. Les describo con detalle los sentimientos y las sensaciones que he tenido, y cómo me lo imagino. Los tres prestan atención con gran interés, ansiosos por experimentarlo ellos mismos.


Mientras hablo con mis pupilos, noto que mis dos compañeros también están compartiendo sus propias experiencias con sus pupilos, cada uno con sus detalles. Finalmente, el ruido y el temblor vuelven a llamar nuestra atención, y todos nos emocionamos al pensar en salir de nuevo.


Mis dos compañeros y yo llevamos a nuestros pupilos al exterior para que experimenten la luz por primera vez. Con el corazón palpitando de emoción, nos detenemos afuera. Y pronto, comienza la sensación. La luz destella en nuestros párpados, el cuerpo se eriza, la energía cálida acaricia nuestra piel. Cada uno de nosotros intenta describir lo que ve. Mientras mis pupilos dicen que es una persona alta y poderosa que nos ilumina, los pupilos de mi compañero afirman que es un objeto grande y redondo que vuela, y los pupilos del otro compañero dicen que es el viento caliente soplando una luz. Sin embargo, independientemente de cómo lo describimos, todos experimentamos el mismo calor y la misma sensación en nuestra piel. La alegría y la emoción son tan intensas que ya no nos importa, ni nos da miedo salir de la habitación para siempre. De esta forma, salimos en busca de esa luz que nos trae paz y calidez.




Reflexión.


¿Qué fue esa luz que les dio calor, paz y alegría a los ciegos?

Fue el Sol. En el momento en que los ciegos sintieron su luz, experimentaron algo transformador. Algo desconocido que desafiaba sus paradigmas. Para ellos, ver el Sol fue un despertar ante su ignorancia sobre su existencia. Fue algo tan impactante y diferente a todo lo que habían experimentado, como cuando los rayos solares les acariciaban. Después de salir de la habitación para siempre, cada ciego compartió su experiencia del sol con los demás, describiéndolo según su propia imaginación y con detalles específicos.

Esta misma analogía se aplica a nuestras creencias sobre quién es el Creador del Universo o quién es Dios. Algunos personifican al Creador como un ser (ciego 1); otros lo ven como un objeto (ciego 2); otros como una energía divina (ciego 3), y así sucesivamente si hubiera más ciegos. Dentro de aquellos que lo ven como Dios, existen diferentes interpretaciones, que se manifiestan en las diferentes religiones (pupilos del ciego 1). Cada religión tiene sus propios detalles y descripciones. Lo mismo ocurre con aquellos que ven al Creador como un ser supremo, como una matriz o como una energía divina. Cada uno interpreta al Creador de manera diferente.

Ninguna interpretación está equivocada. Lo curioso es que cada ser humano experimenta el mismo sentimiento hacia el Creador, al igual que los ciegos experimentaron el calor del sol. En los seres humanos, ese sentimiento común es el AMOR. No importan las creencias, ideologías o pensamientos de cada uno, el sentimiento de amor es igual para todos, al igual que el calor del sol. El amor nos provoca sonrisas en el rostro, nos brinda felicidad y nos trae paz y armonía a nuestro entorno. El amor es un sentimiento único al que todos podemos acceder.

Así como los ciegos se preguntaron: "¿Qué fue esa luz? ¿Por qué sentimos calor y energía?", nosotros nos preguntamos: "¿Quién es Dios? ¿Por qué sentimos amor cuando está con nosotros?". No podemos verlo, olerlo o tocarlo; solo podemos sentirlo, al igual que los ciegos sintieron el sol. Seguramente, cuando el primer ser humano cobró conciencia y se encontró con la energía Divina del amor, se preguntó: "¿Qué fue ese sentimiento? ¿Por qué sentimos tranquilidad y paz? ¿Quién es?". Este sentimiento que Dios, el Creador, nos dejó fue interpretado de diferentes formas.

Ahora me pregunto: ¿No será que Dios es una personificación de la energía del Amor?



Esta metáfora fue escrita el 6 de octubre de 2021 en Boston, durante un viaje conmemorando mi aniversario de bodas. En la madrugada de ese día, me encontraba en un estado de trance lúcido, con mis ondas cerebrales en el estado Theta, y comencé a reflexionar sobre Dios, la energía Divina y cuál de todas las religiones o teorías sobre el Creador del universo es la correcta, y fue entonces cuando esta historia vino a mi mente.

Debemos abrir nuestros ojos y despertar nuestra alma para conocer al Creador, a Dios, o a la energía Divina. Porque todos somos uno; todos venimos de Él.


Escrito el 6 de Octubre de 2021 en Omni President Hotel, Boston, MA.



Alegorías






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1 Comment


Guest
Jul 21, 2023

La gráfica del final es maravillosa! Me encantó 😍… ilustra el camino a la consciencia

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